Martínez Ballesteros, Eduardo, «Eduardo el de Sabina»

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Datos básicos

Clasificación: Reseñas históricas

Clase: Arte, cultura y deporte

Tipo: Gaiteros

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Ribadesella

Parroquia: Moro

Entidad: Sardedo

Comarca: Comarca del Oriente de Asturias

Zona: Oriente de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Código postal: 33567

Cómo llegar: Martínez Ballesteros, Eduardo, «Eduardo el de Sabina»

Dirección digital: 8CMPCVRJ+R8

 

Martínez Ballesteros, Eduardo, «Eduardo el de Sabina»

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Descripción:

HOMENAJE A EDUARDO´L DE SABINA. BIOGRAFÍA

 

  • Autor: Lisardo Lombardía [*]

EDUARDO MARTÍNEZ BALLESTEROS, «Eduardo de Ribadesella», o como a él le gusta que le llamen, Eduardo’l de Sabina [**], nació en Sardéu (Ribeseya) en 1927, hijo de Manuel Martínez Ampudia, guitarrista aficionado, y Sabina Ballesteros Robledo. Aunque en su familia no había antecedentes de gaiteros, de los cuatro hermanos que fueron en total, los dos mayores también llegaron a tocar la gaita.

Eduardo siempre disfrutó con la música y desde muy niño mostró la facilidad de sensibilidad que tenía para ella. El primer instrumento que tocó fue la flauta de caña. Luego, cuando en la escuela de la posguerra civil instauran la formación paramilitar obligatoria, rápidamente aprende a tocar el cornetín de órdenes del responsable de la instrucción. Sin embargo, cuando se da cuenta de que su pasión va a ser la música es a los doce años, al probar el violín de un vecino de la aldea de Nocéu, cerca de su casa. El violinista, al percatarse de las cualidades y el oído del muchacho, le aconseja que realice estudios musicales. La situación económica de la familia no se lo permite, y es para él una gran desilusión. Todavía hoy reconoce que «yo siempre sentí más el violín que la gaita dentro».

Poco más tarde, la emigración a Nueva York del mayor de sus hermanos y la boda del segundo obligan a Eduardo a dejar la escuela, quedarse a cargo de la casería –«nunca pude ver les vaques ni el trabayu del campo»– y renunciar definitivamente al sueño de estudiar música. Sin embargo, Eduardo no desaprovecha las pocas oportunidades que aquellos difíciles años le ofrecen.

Al enterarse de que un pariente de Tresmonte, algo mayor que él, comprara una gaita de Capilla, apodo de José Remis Vega, el famoso Gaiteru de Margolles, prestigioso luthier, y padre de José Remis Ovalle, no duda en atravesar el monte todos los domingos para ir familiarizándose con el instrumento poco a poco.

A punto de cumplir los diecisiete años, consigue por fin comprar su primera gaita. Se la vende de segunda mano un ciego de El Carmen (Ribeseya). Como el constructor del instrumento era también Capilla, Eduardo acostumbra a ir a empajuelarlo a su casa, en Llanu de Margolles (Cangas de Onís), y poco a poco, inicia con el Gaiteru de Margolles una relación que lo convertirá en uno de sus mejores discípulos. No es que José Remis Vega fuera su maestro en el sentido de que le diera clases continuadas, sino que viéndose de tarde en tarde, o cuando coincidían, Remis Vega le enseñaba piezas, le daba consejos, y el muchacho de Sardéu, de memoria, iba incorporándolos a su personal estilo de tocar.

Además, él tenía sus propias opiniones: «Les gaites de Capilla pa mí teníen una falta, la nota de abaju, que no andaba bien, les demás sí, pero esta de abaju no me acababa de... Aquella primera gaita que yo compré tocaba bastante bien, pero según iba pasando el tiempo iba reconociendo yo les faltes de la gaita. Y entonces un paisano de allí del pueblo, que casi podía ser el güelu míu, díjome: ´tienes que encarga-y una gaita al Cireru de Caravia´, y no-y faltaba razón. Y esa tocaba muy bien. D’esti tuve yo unes cuantes».

Eduardo desarrolló su estilo de manera autodidacta, apenas pudo recibir enseñanzas de sus hermanos mayores. Por la diferencia de edad, y porque se alejaron del núcleo familiar justamente cuando él comenzaba a acercarse al instrumento. Núcleo familiar en el que además no encontró facilidades: «Yo nun podía tocar la gaita en casa porque molestaba a mi madre, que nun la podía ver... ´Si quiés tocar la gaita saldi al campu, afuera, y aprendi afuera´, dicía». Y Eduardo salía y tocaba, y los mozos y mozas de los alrededores comenzaron a acercarse a oírles ensayar y, al poco tiempo, ya se formaba baile todos los días «con música del país y de todo», hasta la noche, muy tarde.

De una de estas reuniones llegó su primer contrato, para animar una boda, cuando tenía alrededor de dieciocho años.

Desde entonces, tocó en muchas fiestas privadas: bodas, bautizos..., y en festivales folclóricos. También tocó para el baile en las romerías. Y en repertorio no faltaban las piezas básicas de Margolles: «Gustábenme todes por estilu, tocaba muy bien la ´jota´, la ´Muñeira´ y todo. ´La cruz de Mayo´ ya la aprendía por un hermanu míu, aunque era un críu tovía, tendría seis años, pero era pol estilo, porque el mi hermanu también escuchó a Capilla. ´´El Machaquita´ y ´A la mar fui por naranjas´ tamién lo tocaba muchas veces, y la ´Habanera Cubana´ tamién. Aunque la aprendí por los hermanos míos, ellos tamién habíen aprendío por él un poco, porque venía a tocar a Sardéu pola fiesta’l pueblu. Y yo gustábame sentilu tocar a esi hombre y acompañar la canción asturiana. Capilla marcaba muy bien todo lo que tocaba, y tocando cualquier pieza pa bailar no había quien lu pisara. Cuando digo marcar ye con el tamboriteru, que van compenetraos los dos».

Pero, aunque en el repertorio de un gaitero no pueden faltar las piezas para el baile, a Eduardo de Ribadesella lo que más le gusta es acompañar la tonadas asturianas, y de hecho, el acompañamiento ocupó un lugar preferente en su dedicación al instrumento. La razón la expresa él mismo claramente: «Hay que tener sentimiento pa too na música. Lo que se canta, lo que se toca, hay que sentilo, si nun lo sientes, nada. Yo empecé a tocar solu pa distraeme, pero casi más tocaba canciones asturianes sin cantales ni nada. De oídu, como si cantares, pero sin cantales ni nada. Como acompañar a ún que cante bien nun lo hay…». Por eso, «de los gaiteros de ahora, de los que conozco, los que más me gusten son Vicente El Pravianu, Oscarín Fernández y Alberto Varillas». De los grandes cantantes históricos de la primera mitad del siglo XX, al que más valora es a Vicente Miranda, el barítono de los «Cuatro Ases», y nunca se olvida de Seíto de Xuncu, un cantante de Ribeseya, que no trascendió de la fama local.

Para el acompañamiento de la tonada, recibió también sus primera enseñanzas de José Remis Vega: «Tú, cuando él acabe de cantar pa coger respiración, procura aguantar la nota en baju, ¡eh!», pero su gran referente fue Marcelo del Fresno, el gaitero que acompañó habitualmente al tenor de los «Cuatro Ases», José Menéndez Carreño, Cuchichi. Cantante al que conoció personalmente, cuando ya había cumplido los ochenta años, y al que llegó a acompañar en privado, como recuerda con orgullo por los elogios que recibió del gran cantante. Aunque de ese encuentro no quedó registro sonoro, en el archivo de Javier Díaz Fernández, Javier el d´Arroes, sí existen grabaciones no profesionales de Eduardo junto a José Noriega, Celestino Rubiera, Vicente Díaz, Argentina Fernández, El Manquín… En su actividad pública acompañó a Manolo Ponteo, formando pareja de primer nivel, y a Josefina Argüelles, con los que grabó discos.

También conoció e hizo amistad, en Uviéu [Oviedo], a finales de los años cincuenta, con Antón Sastre Bilbao, excelente bailarín y buen cantante, experto en el folclor asturiano y director del grupo «Coros y Danzas de Educación y Descanso», un organismo oficial del franquismo. Antón Sastre, que era muy conocido en la época, lo tenía en mucha estima personal y artística –«llegó a prestame una gaita suya dos años. Con ella grabé yo»–, y le animó a viajar fuera de Asturias con alguna embajada cultural, aunque Eduardo nunca quiso hacerlo.

Lo que sí terminó por aceptar tras el empeño que pusieron algunos amigos fue en presentarse al concurso «Gaitero Mayor de Asturias» que organizó el Ayuntamiento de Xixón [Gijón] en 1970. Se presentaron treinta y seis gaiteros. Eduardo alcanzó gran fama porque quedó segundo en una competición muy reñida. El ganador fue José Remis Ovalle, que defendía el título que obtuviera en 1956 al superar a su padre, y el tercer clasificado Chema Castañón, un gaitero muy bueno de Mieres. «Remis ganó bien, hubo alguno que protestaba porque en una pieza pegué-y yo bastante bien. Y alguno del jurao quería dame el premiu. Y yo no, el primeru Remis tien derechu a él porque lu merez, efectivamente, sí señor. Además yo toqué con nervios y siempre tienes fallos, ¿entiendes? No, no, les coses como son».

Remis y Eduardo se conocían desde hacía años, y siempre se guardaron mucho afecto personal, y respeto como gaiteros. «Los dos, el padre y el hiju portáronse conmigo de lo mejor... Pa mí Remis Ovalle es un gaiteru de primera. Un gran gaiteru. Hay algunos buenos pero donde Remis nada… Creó un estilu suyu. Nunca oiréis a nadie col estilo de Remis, esi no copió por nadie, ni por el padre ni por nadie. No sé cómo ti lo explicar, era muy distintu al padre manejando los dedos. Muy diferente... El padre tocaba muy posadín, Margolles nun movía el meñique. Remis, sí, mucho; el hiju, sí, arrabiáu; el padre, no, quietu, pero un genio también tocando. Son distintos completamente, totalmente diferentes… Otru requintu diferente tien el padre, sé yo el requintu del padre, un poco más suave, siempre tocó más posado. El padre decía que Pepe tocaba muy arrabiao… Remis y Margolles son diferentes gaiteros, son diferentes totalmente. Gustábame oír al hiju y gustábame oír al padre, ahora floréu quería más al hiju, el otru más suave… Les pieces que tocaba Margolles tamién les tocaba Remis. Incluso los pupurris que echa Remis también los tocaba Margolles. Aunque diferenciaba un poco por la rabiosidá que tenía tocando. Tocaba más alegre, metía-y más jaleo a la gaita».

Remis, por su parte, en testimonio de Javier el d´Arroes, llegó a decir qu’Eduardo tocaba el repertorio de su padre mejor que él mismo. El aprecio entre los dos gaiteros duró toda la vida.

Con Chema Castañón no tenía trato, pero la deferencia que tuvo con él nunca la olvidó el Gaiteru de Sardéu. «La primera vez que fui al concurso fui sin traje regional, y había que ir, y mirábalo el jurao. Y la segunda vez que fui, entonces estaba allí Chema Castañón, de Mieres, y díjome: ´Oyes, vamos ir a aquel horru y vamos a cambiar´. Era muchu más altu que yo…, y posa el traje regional, póngolu yo y él puso los mis pantalones y quedáben-y pola canilla. Y por allí andaba. Y cuando concursé andaba por allí así, no-y daba más. Un detalle que-y lu agradecí mucho, eh!». Una anécdota que refleja la generosidad del gran gaitero de Mieres, y que pocos rivales si se diera el caso serían capaces de repetir.

Al quedar segundo clasificado, Eduardo tenía que participar en la final del «Gaitero Mayor de España». Pero «nun fui. Sí toqué... pero una pieza corriente que no era del concursu. Hícelo con tola idea. Porque taba hasta la coronilla de ponéme a tocar delante de un público. Mira ónde ta la mi casa… y yo nun quedaba en Gijón, iba en la línea y tardábase mucho. Y tuve que ir tres veces. Y dije: ´ir allí tolos días pola mañana, nun me dejen respirar, mecagon´. Ya taba fartu, y dije ´acabóse´. El último día quedéme hasta la final, y sí, vi tocar a Remis colos gallegos. Había uno que tocaba muy bien, Gabriel Matos, de la Coruña, que quedó el segundu, tres d’él».

La mayor proyección pública de «Eduardo de Ribadesella», nombre artístico por el que se le conocía, fue desde los años finales de la década del sesenta a primeros del setenta del siglo pasado. Entre 1968 y 1971, grabó seis discos como solista. Por motivos personales, no se presentó a más concursos, y poco a poco fue abandonando los escenarios. En 2001, a iniciativa de Javier el d’Arroes, recibió el «Urogallo Especial del Centro Asturiano de Madrid» por su trayectoria.

Sin embargo, Eduardo’l de Sabina nunca dejó de tocar. En su casa de Sardéu, solo, imaginando que acompañaba cantares, tocando las piezas de Margolles o el repertorio de su juventud, animándose a componer… Entre amigos, cuando está a gusto, sin hacer mucho de rogar. Sobre todo si arranca a cantar, «ún que sepa». Pero sintiendo siempre lo que toca, porque «hay que tener sentimiento pa too na música. Lo que se canta. Lo que se toca, hay que sentilo, si nun lo sientes, nada».

Notas de EuroWeb Media, SL

(*) Este texto –facilitado a EuroWeb Media, SL por la Sociedad Etnográfica de Ribadesella el 2 de diciembre de 2010– fue escrito por Lisardo Lombardía, a la sazón director general del Festival Intercéltico de Lorient (Francia), para el homenaje que, respondiendo a la idea lanzada en 2009 por Luis Estrada, el concejo de Ribadesella y el mundo de la música asturiana tributaron a este gran maestro de la gaita. El reconocimiento tuvo lugar en la Casa de Cultura municipal el 6 de diciembre de dicho año, dentro del II Festival del Maíz organizado por la citada Sociedad Etnográfica. Durante el mismo actuaron varios gaiteros y numerosos intérpretes de la canción asturiana.

(**) Este genial intérprete de la gaita asturiana falleció el 30 de diciembre de 2010 en su casa de Sardéu, a los 83 años de edad.

Sobre el Concejo de Ribadesella

Ribadesella es un concejo asturiano situado en el oriente que limita al norte con el mar cantábrico, al este con Llanes, al Sur con Cangas de Onís y Parres, y al oeste con Caravia. Comprende una extensión de 84,73 Km2 presentando dos zonas muy diferenciadas: la costera y la interior. La villa capital es el principal núcleo de población.

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