El Camino de Santiago por Ribadesella

Ribadesella › Asturias

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Ruta GPS

Teléfonos: Oficina de turismo

985 860 038

 

Datos básicos

Clasificación: Etnografía

Clase: El concejo

Tipo: Varios

Comunidad autónoma: Principado de Asturias

Provincia: Asturias

Municipio: Ribadesella

Parroquia: Ribadesella

Entidad: Ribadesella

Comarca: Comarca del Oriente de Asturias

Zona: Oriente de Asturias

Situación: Costa de Asturias

Dirección: Ribadesella

Código postal: 33560

Cómo llegar: El Camino de Santiago por Ribadesella

Dirección digital: 8CMPFW6V+C3

E-mail: Oficina de turismo

E-mail: Ayuntamiento de Ribadesella

Sobre Ribadesella: Situada en la costa oriental de Asturias, a los pies de los Picos de Europa, Ribadesella ofrece al visitante una amplia variedad de atractivos: paisaje, historia, cultura, naturaleza, fiestas, gastronomía… concentrados en un territorio recorrido por el río más famoso de Asturias, el Sella.

Tipo de turismo: accesible, activo, agroturismo, arqueológico, camping, carreras de montaña, costero, cultural, descanso, espacios protegidos, eventos, gastronómico, golf, lgtb, monumental, ornitológico, rural y sol y playa.

 

El Camino de Santiago por Ribadesella

Nota: No disponemos de foto y mostramos un detalle del mapa de la zona. Si observa algún error en el contenido, agradecemos use el formulario que hay a pie de página.

Descripción:

Ribadesella toma su nombre de la desembocadura del río Sella, uno de los más importantes de Asturias, afamado por sus salmones y por el Descenso Internacional, prueba de piragüismo que cada mes de agosto atrae la atención de miles de amantes del deporte y de la fiesta.

Pero si el viajero no se dirige a la capital y, por el contrario, está siguiendo el Camino de Santiago, al entrar en el municipio, procedente de Llanes, lo primero que se encontrará será un pequeño puente medieval de piedra ubicado en un idílico entorno de prados, molinos, bosque de ribera y el murmullo cantarín del arroyo conocido como Río Guadamía.

Desde este punto el moderno peregrino tendrá dos opciones: bien continuar el camino en línea recta, buscando acortar la distancia que le separa de su meta, o bien destinar una parte importante de su tiempo a recorrer los atractivos que brinda este pequeño trozo de paraíso natural y cultural que es Ribadesella.

Uno de los aspectos que más sorprenderá al visitante es el fuerte contraste y variedad de su paisaje y de sus atractivos, tanto naturales como culturales: cumbres de casi 1.000 m de altura situadas sobre la misma línea de costa, un territorio bañado y condicionado por el río Sella, un rico pasado histórico, y un moderno diseño del futuro turístico.

En Cuerres, primer punto del recorrido, se puede disfrutar de un especial ambiente rural asturiano, con pequeñas explotaciones agrícolas que jalonan el paisaje, donde las construcciones populares, como casas típicas, hórreos y molinos, alternan con las grandes casonas solariegas, pertenecientes a poderosas familias de los siglos XVIII y XIX.

Uno de los rincones mejor logrados del pueblo es el entorno de la iglesia de San Mamés, construcción que data del s. XVIII, donde se encuentra la llamada fuente de los peregrinos, de estilo clasicista, y una casona-palacio, la de la familia Covián.

El lugar es escenario de las muchas fiestas que este pueblo celebra: San Antón en enero, San Mamés, San Lorenzo y la concurrida Feria del Queso en agosto, y Nuestra Señora del Rosario en octubre.

El río que atraviesa la localidad, el Guadamía o Aguamía, aunque un poco abandonado en su conservación, atraviesa rincones de gran belleza natural, además de estar permanentemente salpicado de pequeños molinos que aprovechaban su fuerza para la molienda del maíz.

Pero el punto más interesante es la playa de Guadamía, situada en la desembocadura del mismo río y protegida por altos acantilados de roca caliza. Esta minúscula playa de fina arena sólo será accesible en marea baja.

En su entorno un paseo por los acantilados de Castru Arenes brindará una imagen real de la bravura del mar Cantábrico: afiladas rocas, fuertes olas, cortados de 50 m, y de forma muy especial los singulares bufones, que son una especie de géiseres, es decir surtidores verticales de agua a presión, sólo visibles en este sector de la costa oriental asturiana, que sorprenderán y sobrecogerán a quien los contemple por primera vez. Tan curioso fenómeno se debe a la formación de agujeros o chimeneas que atraviesan el acantilado y comunican con la línea de mar. En momentos de marea alta y con oleaje, la fuerza del mar impulsa el agua que surgirá en forma de surtidor sobre la superficie, alcanzando varios metros de altura acompañado de un rugido o bufido (de ahí el nombre).

El camino continúa su recorrido por tierras de Toriello, Camango y Meluerda, poblaciones agrícolas con buenos pueblos y elegantes casonas señoriales de la antigua nobleza, que hoy brindan al visitante el confort de sus pequeños hoteles con encanto, sus casas rurales y el sabor de su buena mesa.

Más adelante se encuentra Collera, antaño famosa e importante por su monasterio de San Martín, hoy desaparecido, y del que únicamente se conservan unos relieves escultóricos en la moderna iglesia parroquial. Actualmente este pequeño pueblo es conocido en medio mundo por la elaboración artesanal de licores que mantienen Los Serranos. Sus tradicionales licores de guinda se pueden situar entre los mejores del mundo, por no mencionar la exquisitez de su «Marc de Asturias», único aguardiente de manzana envejecido reconocido por la normalización europea. La elegancia y nobleza de este destilado, comparable al mejor Calvados, contrasta con la frescura del «Licor de orujo de manzana», una de sus creaciones más recientes.

Desde Collera se puede acceder a otros dos enclaves de la costa con mucho sabor: los acantilados de Tomasón, de pronunciada verticalidad, y la playa de Arra, pequeña cala natural poco frecuentada y de entorno natural inalterado.

La entrada en Ribadesella se hace por el barrio de El Portiellu, primitivo asentamiento urbano, que alberga las casas de los pescadores, muy humildes en su construcción, pero algunas de varios siglos de antigüedad. El Camino de Santiago sigue en sentido longitudinal el trazado urbano de la villa, buscando primero la iglesia parroquial (merece la pena contemplar los frescos de la bóveda, obra de mediados de este siglo pero con un gran efectismo barroco) y luego la pequeña capilla de Santa Ana (s. XVI), desde donde el primitivo viajero se embarcaba para cruzar la ría.

Pero para el viajero sin prisa se propone un recorrido por la villa, que siempre proporcionará al visitante la agradable sensación de descubrir rincones de especial encanto, como el pasaje de la Calle Oscura.

Si se tiene la suerte de contar con un guía o con un informante local, le mostrarán la casa donde se supone que pernoctó el emperador Carlos V durante su primer viaje a España para tomar posesión de sus reinos. Lo que se supone que fue el convento de la Victoria es una pequeña edificación con raíces arquitectónicas en el siglo XV, independientemente de la veracidad de esta tradición legendaria sobre tan ilustre visitante.

Otra casa vinculada a un personaje famoso es la que se supone fue la casa natal del pintor Darío de Regoyos, introductor del impresionismo en España, y que los riosellanos reclaman entre sus personajes insignes, aunque su fama como pintor le llegara cuando ya vivía lejos de Ribadesella.

No obstante el personaje más importante vinculado a Ribadesella es Agustín Argüelles, uno de los padres de la Constitución de Cádiz de 1812, famoso orador y autor de una interesante doctrina política que desarrolló en su dilatada carrera como diputado y senador en las Cortes españolas. Tal era la brillantez de sus discursos que pasó a la posteridad con el sobrenombre de El Divino Argüelles.

Para la pequeña historia local quedan familias y personajes que blasonan muchas de las fachadas de la villa: palacio de los Prieto-Cutre, casa de los Ardines, palacio de los Prieto-Collado, casona del Escudo, etc. Todas ellas dan una categoría urbana a la población, tanto por su calidad como por su estado de conservación, que le han merecido la distinción como Conjunto Histórico-Artístico.

La ordenación cuadrangular del caso urbano se debe a la planificación urbanística llevada a cabo en 1855, apreciando el buen observador la evolución arquitectónica desde las calles posteriores, más antiguas, hasta las más modernas que dan al puerto. El colorido de las fachadas del s. XIX y principios del XX alegran el recorrido.

Un rincón que no pasará desapercibido es la plaza de Villar y Valle, conocida popularmente como plaza de la Atalaya, donde se encuentra la romántica torre neomedieval de la Atalaya cubierta de una frondosa enredadera que, en otoño, luce un llamativo colorido de rojos y ocres. Un magnífico palacete de estilo historicista de los años veinte cierra el conjunto, el chalet de Doña Asunción del Valle. Esta mansión fue construida por un matrimonio de riosellanos que hicieron fortuna en «las Américas» y que a su vuelta se convirtieron en benefactores de su villa natal (residencia de ancianos, escuelas).

Desde la plazuela se accede a la playa de la Atalaya, cala natural de cantos rodados flanqueada por dos altas lomas que la ocultan de la visión urbana. Tradicionalmente ha sido la playa de la villa frente a la de Santa Marina, frecuentada por más bañistas foráneos. Por su orientación y localización está muy protegida de las corrientes de aire, siendo habitual su utilización como solarium desde la temprana primavera, y muy apreciada por los amantes del buceo por su rico fondo marino de acantilados.

Otra posibilidad será dirigirse por el paseo hasta la ermita de Guía, en el extremo del monte Corbero. Esta pequeña capilla de la patrona de los marineros es lo que queda de una iglesia mayor que databa del s. XVI, y que se arruinó por un desplome del acantilado. Por este motivo la ermita está literalmente suspendida en el aire. Es este un privilegiado lugar para la observación y el deleite paisajístico, pues desde aquí no sólo se abarca la totalidad del territorio de Ribadesella sino que se alcanzan a ver con claridad montes y costas mucho más lejanas: al frente, los montes de Santianes con el Mofrechu, mirador sin igual hacia la costa y los Picos de Europa, que bien merece una tranquila excursión (subida por Igena, en Cangas de Onís); a la derecha (Oeste), la sierra del Sueve, reserva de los últimos caballos asturcones en libertad; y a la espalda (Norte) el mar Cantábrico y la línea de costa visible desde Llanes a Lastres (Colunga).

Pero una de las visiones que más cautivará al espectador será la del tramo final del río Sella, especialmente si está alta la marea y se ve en toda su plenitud la ría en la que se juntan las aguas dulces del río y las saladas del mar, formando en su bocana un arenal de casi un kilómetro de extensión: la playa de Santa Marina.

Esta playa, urbanizada como lugar de veraneo por la aristocracia y la burguesía de principios de siglo, conserva, sin duda alguna, la mejor colección de villas o palacetes de toda la costa española. En una de ellas, la de los Marqueses de Argüelles (hoy dedicada a hotel), llegó a veranear el rey Alfonso XIII.

Actualmente la mayoría permanecen cumpliendo su función original, por lo que el visitante sólo podrá admirar su calidad arquitectónica desde el exterior; no obstante, algunos se han acondicionado como pequeños hoteles, que permitirán disfrutar tanto de un interior cálido y confortable como del privilegio de estar en una primera línea de playa inalterada con el paso del tiempo.

La margen derecha de la ría está ocupada por el puerto, que mantiene una pequeña flota pesquera de bajura, lejos ya de los grandes movimientos pesqueros y comerciales de tiempos no muy lejanos, y próximo ya a albergar en su seno embarcaciones de recreo con unas nuevas instalaciones de puerto deportivo.

No obstante, y pese a su escasa actividad, estos pocos barcos y la afición de los pescadores de acantilado surten de excelentes pescados y mariscos los restaurantes de la localidad y de su entorno, ofreciendo un mantel variado con productos de primera calidad, que de por sí justifica no sólo una visita sino una estancia. Xárago, lubina, pixín, lenguado, cabracho, besugo, y un largo etcétera, son algunos de los pescados que a la plancha o en diversas salsas se pueden encontrar y degustar, acompañados de mariscos como el centollo del Cantábrico o de productos de la cocina tradicional como el pantrucu (típica morcilla local que se sirve en rodajas y frita). No puede faltar una buena botella de sidra, por supuesto, o algún queso de la comarca.

Para los más inquietos, Ribadesella brinda la oportunidad de practicar una buena gama de deportes de aventura, en todas sus escalas de riesgo y dificultad: descensos en canoa por el río Sella, espeleología en sus abundantes cuevas naturales, barranquismo, rafting, puenting, surf, buceo, etc. El mejor consejo es dejarse asesorar y guiar por los especialistas de las empresas del sector que tienen su sede en la ciudad para evitar correr riesgos innecesarios y poder extraer el máximo rendimiento y disfrute a la actividad.

Los inquietos por el conocimiento y el arte podrán visitar la cueva de Tito Bustillo, que alberga uno de los mejores conjuntos de pinturas prehistóricas de España. Fueron descubiertas en 1968 por un grupo de espeleólogos, uno de los cuales murió en accidente de montaña poco después, bautizándose la cueva con su nombre. A lo largo de casi un kilómetro de longitud de galerías repletas de formaciones estalactíticas y estalagmíticas, la cueva presenta múltiples conjuntos decorativos: camarín de las vulvas, grabados, dibujos, etc., pero será casi al final cuando el visitante quedará maravillado con la espectacularidad del Gran Panel de los caballos, donde se descubrirán diversas figuras de estos animales, representados con gran variedad de estilos, colores y posiciones, mezclados además con otras especies como ciervos y renos. Puesto que las pinturas rupestres son uno de los elementos del patrimonio cultural más frágiles y delicados de cuantos se han conservado, los responsables de Cultura del Principado se han visto obligados a establecer un estricto sistema de visitas. La cueva permanece cerrada durante seis meses (de octubre a abril), permitiéndose la visita a un máximo de 275 visitas diarias durante los meses de apertura.

No obstante, el visitante que lo desee tiene a su disposición, desde este año, una nueva cueva natural situada sobre Tito Bustillo, La Cuevona, donde se ofrece un espectáculo audiovisual sobre el origen y el significado del arte rupestre, que no defraudará ni por el espacio cavernario ni por la puesta en escena del audiovisual.

Otro abrigo fácilmente visitable, y que despierta gran interés y curiosidad, es la cueva de Cuevas del Agua. Se trata de una gran cavidad natural que tiene la particularidad de servir como única vía de comunicación con el exterior a este pequeño pueblo situado entre el río y la montaña. Como si de un túnel se tratara, la carretera se introduce dentro de la montaña, acompañada en su recorrido por un pequeño arroyo, dejando al conductor atónito frente a la espectacularidad de las formaciones que va contemplando a través del cristal de su vehículo.

En esta localidad confluyen o parten algunas de las rutas de senderismo que jalonan el municipio y que servirán para acercar los pequeños detalles del paisaje a los más curiosos e interesados: la ribera del río Sella, los molinos hidráulicos de Tresmonte, las vistas panorámicas, etc.

No muy lejos, y retomando el Camino de Santiago, se puede visitar la iglesia de Santa Mª de Junco, de estilo románico con interesantes capiteles y canecillos decorados. Restaurada en época reciente, presenta actualmente un aspecto excesivamente «sencillo» que le puede restar una parte del mérito artístico.

En peor estado de conservación está la semiderruida iglesia de San Salvador de Moru, también de estilo románico, cuyos principales elementos constructivos y decorativos se pueden hoy contemplar en el Museo Arqueológico Provincial de Oviedo. No obstante, la ruina, por sus valores arquitectónicos y especialmente por su entorno paisajístico, transmite una sensación de época romántica, invitando a la contemplación y la meditación.

En su entorno, y con un sentido menos espiritual, se pueden localizar en otoño una gran cantidad de setas (Macrolepiotas, Coprinus, Agarinus...) que harán las delicias de los micólogos.

Todo este territorio está salpicado de antiguas torres defensivas, hoy convertidas en viviendas y en diferente estado de conservación, ligadas, en su mayoría, a la familia Ruiz de Junco. Algunos ejemplares destacables son el de Junco y el de San Esteban de Leces, ubicado junto a la iglesia (de tradición románica) y al Hospital de Peregrinos.

Más recientes, pero más fáciles de apreciar, son las casonas-palacio que se pueden encontrar en varios pueblos como Junco, Abeo, Torre o Linares. Destaca sobre todos ellos la elegancia y esbeltez del denominado palacio de la Piconera, situado en Sardalla. Este palacio fue construido en 1891 por un matrimonio de emigrantes regresados con una fortuna que ha dado lugar a muchas conjeturas y leyendas sobre su cuantía y sobre todo sobre su procedencia. El enfoque señorial, de ostentación, y a la vez agrícola queda patente en su estructura, donde se puede apreciar perfectamente las partes nobles (cercadas por verja de hierro y muros de piedra), y las distintas dependencias de servicio: hórreo, lagar, establos, casas de criados, etc., guardando todo ello una armonía de proporciones y estilo que le da al conjunto una atmósfera especial.

Esta parte occidental del municipio tiene una abundante oferta de turismo rural diseminada por el territorio e integrada armoniosamente en el paisaje y el entorno rural: pequeñas casas de alquiler completo o bien de convivencia en una explotación agraria, y pequeños hoteles familiares, que harán sentirse al viajero como en su propia casa.

También se ubica en este sector, próximo ya al límite con el vecino municipio de Caravia, el Campo de Golf Rasa de Berbes, que cuenta en la actualidad con sólo 11 hoyos en activo, pero con una ubicación idílica al constituir una atalaya natural sobre la costa, y estar rodeado de un anfiteatro de altas montañas. A pesar de sus limitadas instalaciones este campo ya ha acogido varios torneos regionales y alguno de carácter nacional, coincidiendo sus usuarios en las buenas características de su suelo y de sus pistas.

Bajo el campo de golf se sitúa la última playa de Ribadesella, la playa de Vega, un arenal en estado salvaje de varios cientos de metros de extensión, con formaciones dunares fósiles que han generado un ecosistema que la han hecho merecedora de la distinción como Paisaje Natural Protegido dentro del Plan de Ordenación de los Recursos Naturales del Principado de Asturias. Para acceder a ella desde la Carretera Nacional 632 (N-632), se atraviesa un pequeño desfiladero denominado Entrepeñas, caracterizado por las formaciones caprichosas que la erosión ha provocado sobre sus rocas cuarcíticas. Por su carácter pintoresco, este lugar se ha incluido dentro de la misma figura de protección natural que la playa. Los interesados en los minerales y la geología encontrarán en Vega un auténtico paraíso pues, debido a la existencia de una antigua mina a cielo abierto, se encuentran con facilidad cuarcitas, fluoritas, piritas y otros. Los plegamientos de la margen derecha de la playa harán las delicias de los geólogos y aficionados, pues en sus claros pliegues se encuentran fósiles marinos en abundancia y, lo que más atrae la atención, interesantes huellas de dinosaurios del Jurásico.

Efectivamente, Ribadesella es uno de los enclaves de la costa asturiana donde se encuentran con más facilidad las huellas de estos grandes animales extinguidos hace 65 millones de años. Estos restos fósiles sólo son visibles en el tramo comprendido entre el puerto de Tazones en Villaviciosa y la desembocadura del Sella en Ribadesella. Existe una Ruta de los Dinosaurios de la Costa Asturiana, que permitirá al curioso y aficionado visitar distintos lugares de interés en Villaviciosa, Colunga y Ribadesella. Dependiendo el sentido en el que se haga dicha ruta, en este municipio se puede visitar la playa de Vega en primer o último lugar. El resto de yacimientos se localizan en los acantilados de Tereñes (el yacimiento más rico en tipologías de huellas) y la playa de Santa Marina, concretamente en el lugar conocido como Punta´l Pozu (con abundantes rastros completos de saurópodos, es decir, de grandes herbívoros cuadrúpedos).

Desde Vega se puede abordar el último tramo del Camino de Santiago, precisamente el más atractivo, pues discurre por un tramo de camino original empedrado con atractivas vistas panorámicas.

Si es deseo del caminante-viajero seguir su ruta, se adentrará entonces en el vecino municipio de Caravia, y por Colunga, Villaviciosa y Siero llegará a Oviedo, capital del Principado y antigua etapa principal del Camino por la importancia y veneración que merecía su denominada Cámara Santa, verdadero relicario de fe.

Por el contrario, si el viajero ha decidido alargar su estancia en Ribadesella, puede aprovechar para conocer los atractivos de su entorno más próximo, pues el Oriente de Asturias atesora algunas de las principales señas de identidad del Principado. En un radio de no más de 40 kilómetros, se puede acceder a Cangas de Onís, Covadonga, los Picos de Europa (Lagos de Covadonga, Ruta del Cares, Naranjo de Bulnes...), Llanes, Villaviciosa, el Prerrománico Asturiano, etc.

Al igual que en el viaje a Itaca, Ribadesella es un ejemplo de que lo importante de un viaje es el camino, tanto o más que el propio destino.

JAIME RODRIGUEZ ALONSO

Coordinador del Plan de Excelencia Turística de Ribadesella

Historia de Ribadesella

El asentamiento humano en territorio de Ribadesella es continuo desde los más remotos tiempos prehistóricos. Al hombre de entonces el marco geográfico riosellano le ofrecía ventajosas condiciones para el hábitat. La arqueóloga Yolanda Viniegra apunta a que ello fue posible gracias a la convergencia de varios factores. De un lado, la configuración topográfica, donde sobresale el ancho pasillo costero y el largo curso del río Sella rematado en su desembocadura por un amplio estuario. De otro, la pluralidad de cavernas y abrigos rocosos, que, nacidos de la acción de desgaste del agua sobre los vastos sectores calcáreos comarcales, acogieron a aquellos hombres, sometidos como estaban a la hostilidad de Würm, la última glaciación cuaternaria.

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